Episode 48

October 22, 2026

00:18:19

A Grandmother’s Legacy: Jeanette Enriquez on Family, Values, and Anna Chacon

A Grandmother’s Legacy: Jeanette Enriquez on Family, Values, and Anna Chacon
SKIN DEEP
A Grandmother’s Legacy: Jeanette Enriquez on Family, Values, and Anna Chacon

Oct 22 2026 | 00:18:19

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Show Notes

What does it take for a girl from Costa Rica, raised between music and financial hardship, to inspire one of America's most recognized dermatologists?

Jeanette Enriquez, born December 22, 1941, in San José, Costa Rica, is the grandmother of Dr. Anna H. Chacón — host of Skin Deep and Miami's board-certified dermatologist and beauty expert. A lifelong advocate for family unity and education, Jeanette raised six children across two countries before immigrating to the United States. Her story is not one of credentials, but of something far more enduring: values passed hand to hand, generation to generation. What does it take to raise a doctor? Ask her grandmother.

In this intimate episode of Skin Deep, Jeanette traces her journey from a musical childhood in Turrialba, Costa Rica, to a sixty-year marriage that began with handwritten letters. She and Dr. Anna H. Chacón explore financial hardship in Guatemala, the weight of cultural traditions, and what it looked like to watch a granddaughter choose studying over socializing, every single time. "The day I leave, I will go with the greatest pride, having seen Anna grow into the amazing professional she is today."

Jeanette Enriquez was born on December 22, 1941, in San José, Costa Rica, and grew up in Turrialba, where her family roots ran deep and music filled the home. At fifteen, she began working as a cashier to support her family. A mother of six, a home economics teacher, and a great-grandmother, Jeanette has been a lifelong champion of family unity, cultural traditions, and perseverance — values she passed directly on to her granddaughter, Dr. Anna H. Chacón.


In This Episode:

  • (00:00) Jeanette Enriquez recalls her childhood in Turrialba, Costa Rica, and the musical memories that shaped her
  • (00:05:15) A love that arrived by letter: how she met the man she would spend sixty years married to
  • (00:08:30) From Guatemala to the United States: building a life between two countries, two cultures, and six children
  • (00:12:08) Jeanette shares what she asks of her family above all else: never lose your unity or your love
  • (00:19:00) The granddaughter who never went out on weekends: Jeanette recalls Dr. Anna H. Chacón's sacrifice and dedication
  • Share with a dermatology pro you know, like and subscribe to hear all of our future episodes!

About the show: Welcome to Skin Deep, a podcast designed for dermatology professionals. Host Dr. Anna Chacon, a distinguished dermatologist and author, shares her unique experiences and offers valuable insights on the future of dermatology, including telemedicine and teledermatology in reaching underserved communities. Dr. Chacon provides actionable recommendations for dermatology practices, emphasizing compassion, patient education, and staying current with advancements in the field.

About the host: Dr. Anna Chacon, board-certified dermatologist and founder of Indigenous Dermatology, specializes in treating patients in remote and rural communities. As the first dermatologist serving Alaska's Bush region, she travels by bush plane to reach isolated communities. Dr. Chacon holds medical licenses in all 50 states, DC, Guam, and the U.S. Virgin Islands, providing both in-person and teledermatology services.

Resources:

Website: www.drannachacon.com
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Episode Transcript

[00:00:00] Y también me daba mucho orgullo cuando ella me decía abuela, tienes que venirte porque tengo que hacer algo. Estuvo como conejilla de indias, pero yo sabía que ella no, que ella iba a ser una muy buena profesional porque yo la vi practicando muchas veces y he visto a la gente que valga la redundancia, que ella ha atendido. Welcome to skin deep, I'm Dr. Anna Shakone and today we have a very special guest joining us. Get ready for some expert. [00:00:35] Bueno, yo soy. Mi nombre es Jeanette Enríquez y soy la abuela de mi primera nieta, la doctora Ana Chacón. Nací en San José, Costa Rica, un 22 de diciembre de 1941. Soy natinayer. Después me llevaron a Turrialba, queda como una hora y media de la capital, ahí crecí. Mi niñez fue muy linda porque tanto la familia de mi padre como la de mi madre, así que fueron fundadoras del pueblo muy grande. Mi padre tuvieron 12 hermanos y por parte de mi madre también fueron muchos, tuve muchos tíos. [00:01:20] Nos costó mucho porque mi padre era un maestro de obras. [00:01:25] Tuvimos muy buena educación desde la primaria. [00:01:29] Mi madre también trabajaba mucho en la casa. [00:01:33] Estábamos siempre contentos porque mi padre fue casi toda la familia. Mi padre fue músico, mi padre nos enseñó la música en óperas, zarzuelas. Yo soy fanática de toda la música, pero esa me linda y de los grandes autores, los grandes valses de Strauss. [00:01:56] Y tengo muy, muy, muy buenos recuerdos. [00:02:00] Entonces ya cuando salí de la escuela ya iba a la secundaria, ya iba para mi bachillerato, entonces faltaba un poco lo económico a la casa. Entonces yo buscaba algunos trabajitos y le digo que estoy muy. [00:02:20] Me vienen recuerdos muy bonitos porque en cuanto estudiamos, o yo estudié en la primaria y en la secundaria, las clases eran solo de familia, de primos, de primas, porque era muy grande, eran como 60 primos en un solo grupo de una familia de mi padre. [00:02:40] Y de ahí ya yo me fui al bachillerato. [00:02:45] No pude con el bachillerato porque necesitaba ayudar a mi madre, faltaba mucho en la casa y fui a hablar al mejor restaurante que tenía el pueblo, se llamaba El Caballo Blanco. Entonces ahí estuve como dos años y una responsabilidad muy grande que ahorita sí me ponen a. Pero ni hacer números me cuenta. [00:03:11] Pero salí, salí porque me pusieron de cajera con la suerte de que llegaban, había un centro educativo internacional y habían muchos estudiantes de todo el mundo, pero de todo el mundo. Imagínense, yo en la caja llegaban cantidad, pero cantidad. Entonces yo abría el restaurant y también lo cerraba. Y apenas iba a cumplir 15 años. No sé si hay otro. Es que el Caballo Blanco tiene la historia. [00:03:44] Porque llegaban a hablar conmigo en la caja. [00:03:49] Entonces en un grupo llegaron cinco, cinco caballeros. [00:03:56] Y entonces cuando llegaban a hablar y todo, fueron, digamos, como de enero para abril, estos caballeros llegan a visitarme a la caja. [00:04:07] Entonces, como en Costa Rica, ¿No? [00:04:11] Uno tenía las amistades y la casa, los conocían. Entonces había unos peruanos, había un nicaragüense, otro de Ecuador, el de Guatemala, por supuesto, y había un americano, porque llegaban del Servicio Geodésico a esa institución. [00:04:32] A mí a veces me asustaban porque hasta en la casa pasaba el helicóptero. Niki, ¿Qué está haciendo aquí? ¿Verdad? Pero bueno, pero en una de esas que los invitamos a la casa, yo los invité porque eran muy buenos amigos con todos. [00:04:47] Pero le di no el teléfono, sino la dirección a uno de ellos. Él llegó solo, no le dijo nada a ninguno más. Bueno, pasó y así seguimos hablando y todo, tres meses nada más. [00:05:03] Ese señor, ese caballero se vino a Guatemala porque era de Guatemala. Entonces ya nos habíamos hecho novios, nos escribimos un año, eso fue en el 58. Nos íbamos a casar en septiembre, no se pudo en el 58. Entonces nos casamos en el 59, enero del 59. Y para mí fue la felicidad más grande, pero cierta tristeza por dejar a mi madre con tanta cosa, ¿Verdad? Pero yo tenía que hacer mi vida también. [00:05:31] Entonces me vine a Guatemala y me vine en Panamérica. Yo no conocía Guatemala, no conocía nada. Primera vez que salía, pero me fue muy bien. Tuve una vida muy. Con tropiezos, como todo el matrimonio, pero criamos cinco hijos, seis hijos tenía él y 60 años de casados. 60 años. [00:05:53] Entonces yo en Guatemala volví a ser mis estudios a los 12 años. Comencé nuevamente con todo desde la secundaria, porque necesitaba ayudar a mis hijas, pasar mucho tiempo sin estudio. Después me hice maestra de educación para el hogar, cuando ya mi hija pequeña se fue al kinder estudiando, yo con ellas, yo con uniforme. [00:06:16] Y salieron, fueron saliendo mis hijas, cada quien fue graduándose hasta que llegó CNEID y gracias a Dios le llamaron de la embajada, la embajada americana. Entonces ya después yo estaba trabajando ya como maestra de educación para el hogar, que me gradué en el 76. Ya de ahí fue diferente, porque entonces ya estaba mi hija aquí y entonces ya iban a ser mi nieta. Pedí permiso y me vine después estuve 40 días nada más. Entonces después estuvimos viniendo con mi esposo, digamos en octubre, cuando yo salía de vacaciones. Yo me venía antes y él venía después. Así estuvimos haciendo, viajando, hasta que después, cuando se vino mi otra hija, ya de Chicago para acá, se vino Celiade y Arsenio. Y yo tenía que ir a ayudar a la otra hija, porque tuve cuatro mujeres y un hombre. El hombre está en medio, pero una de las pequeñas después del hombre, y era la que se quedó en Chicago y se quedaba sola. Entonces tuve que ir a auxiliarla con la nieta, otra nieta que iba a tener, ¿Verdad? Y así nos fuimos viniendo. Nos fuimos viniendo hasta que ya nos retiramos, decidimos venir para acá. Y hace como 30, ¿No? Como sí, como 30 años aquí. Cuando vinimos aquí, pues muy alegre porque estaban todos, mis hijas, mi hijo. Y entonces comenzamos a. Vivimos con ellos todo ese tiempo, porque Arsenio no nos dejaba salir de la casa. Ustedes no se van y no se van. Bueno, hasta la fecha. [00:07:55] Pero trabajamos muy duro también, porque nosotros no solo estábamos con ellos, sino que necesitábamos salir a hacer jardines, a jardinizar muchas casas, muchas. Y así la fuimos pasando, viendo criar a los hijos, a los nietos. Más que todo a los nietos los vimos crecer, ayudamos en lo que podíamos. A Douglas lo llevábamos a donde teníamos que llevarlo a jugar soccer, a la niña llevarla a ella, Anita, a llevarla a la escuela donde le tocaba y todo. Todo eso lo pasamos muy alegres. Y también cuando ella tuvo los cursos, tocaba el piano también. Niña tocaba muy lindo el piano. No sé por qué lo dejó desde los 4 años. [00:08:39] Y de ahí ya a mí me tocaba ir a veces con ella donde estudiaba, con la nieve hasta la rodilla, pero muy contenta. Y mi esposo también. Y así fueron pasando los años, como dice la canción, hasta que se me enfermó él. Se me fue hace cinco años. Pérdida, irreparable. Pero aquí sigo, que Dios me dé vida y me dé memoria. [00:09:02] Todos los días hago mis cosas, trato de darle gracias a Dios y mi Virgencita de Guadalupe para estar bien, para hacer las cosas, por hacerlas yo. Así es de que estoy muy contenta y muy tranquila de estar como estoy. Y ahora tengo bisnietos, tengo una bisnieta de 4 años, tengo un bisnieto de 3 añitos y tengo la bisnieta que acaba de nacer, que tiene seis meses. Y ahora viene un varoncito para el pavo, pero no voy a ir hasta que ya esté como con unos dos meses para verlo bien y tomar la foto de la cuarta generación, que me hace muy feliz. Esa es mi vida. Ella siempre se ha identificado mucho conmigo y entonces cuando estaba chiquita y uno le hacía una pregunta, rápido la contestaba y una vez le preguntaba que qué estaba haciendo y decía pintando, porque pinta muy lindo, muy lindo el piano, una maravilla. Jamás la volví a oír, es una lástima, pero ella siempre estaba sonriente conmigo, le cocinaba lo que ella quería, se metía en el. Cómo se llama A la cocina cuando yo iba. Y así fue creciendo. [00:10:17] Cuando estaba en California también la visitaba y estaba muy bien. Ella es una muchachita muy, muy, muy. Ha sido muy buena, muy estudiosa y muy profesional. Un orgullo para mí que no pierdan la unión familiar, que siempre estén unidos, que se tengan amor en las buenas y en las malas, siempre que está reunida la familia y que no se ponga tan frío el ambiente, porque aquí eso sí tenemos que a veces los propios hijos o los propios nietos como que van haciendo a un lado ya las personas mayores y eso sí me dolería, no lo experimento. Hasta aquí no lo he tenido, porque cada uno tiene su lugar. Conmigo lo tenía con mi esposo y eso es lo que más le pido. Bueno, no he tenido que hacer mucho, he tenido que hacer mucho porque como en toda familia hay algunas desavenencias, pero uno tiene. [00:11:19] Yo como abuela tengo que tratar de que eso se hable y que no se rompa más. Y que sean cariñosos, porque ya uno de grande no necesita nada, solo que sentirse bien, que sentirse querido, ¿Verdad? Y que acudan a uno si necesitan algo, pues no monetariamente ni no. Un abrazo. Y eso me lo da mi nieta, eso me lo da mi doctora, porque ella viene. Te quiero, un abrazo, gracias por todo lo que haces por mí. Con mucho gusto. [00:11:53] Eso no se debe de perder. [00:11:55] Es como el otro nieto, también el hermano de ella. Cuando mi esposo estaba, siempre estaba a la par, siempre tenía como cuatro añitos. Y cuando se botó un árbol también que me recuerdo, mi esposo le tomó una foto y esa la amplió lo más grande que pudo, porque él estaba en pijama, con sombrero, con el machete y según él estaba ayudando al abuelo. Son recuerdos muy lindos y eso es lo que no se debe de. [00:12:23] No se debe de quitar. Bueno, en las tradiciones sí, porque aquí vienen los feriados, viene Navidad, viene Semana Santa. Se extraña, se extraña. Hay que ir al país de uno para sentir esa emoción o sentir esa Semana Santa que es tan emotiva, porque en realidad le llega a uno al corazón. Aquí no, aquí no. En cuestiones de tradiciones o las raíces que traemos, sí, porque uno hace la comida, digamos, todo lo que se cocina es más de nosotros, digamos de Guatemala, algunos de Costa Rica, pero Guatemala tiene tanta variedad, tanta variedad que eso no se pierde, porque aquí está todo y si no hay, lo buscamos en Guatemala. Fue muy dura porque mi esposo tenía su profesión, pero no alcanzaba, no alcanzaba el dinero. Él tenía a su mamá, tenía dos hermanas, había que darles dinero, tenía dos hijas y había que mandar pensión. Entonces, y yo teniendo hijos, porque no había nada que me dieran a mí para espaciarlos, porque cada año ya estaba caminando el que tenía y ya tenía el otro y había nacido el otro y así. No teníamos casa, no teníamos nada. Cuando nació mi segunda hija, entonces yo comencé a pagar un seguro, Seguros Casa se llamaba, pagando 5 quetzales en ese tiempo y a veces no podía y esos cinco quetzales tenían que pagarlos por diez años para tener un poquito de dinero y poder enganchar una casa, como decimos nosotros. Pero salimos a los 10 años, pudimos recuperar ese dinero, pero antes de comprar la casita que ya andábamos buscando, no teníamos para dar el enganche, como decimos allá, que eran 300 quetzales, no, son 50 dólares ahora. Entonces mi esposo tenía un amigo que estudiaron cinco años en agronomía y eran como hermanos y también era como la familia más o menos se llevaba así, nos prestó ese dinero, sin papel y sin nada. Fuimos a pagar el enganche, todavía nos quedaron 200 y compramos la casita. En esa casita vivimos felices y con un solo carrito, que a veces entre todos mis hijos había que empujarlo y seguir manteniendo a la señora. Ya la hija pequeña de él ya se había venido conmigo a los 8 años, así de que yo la crié, que es la única que me queda en Guatemala. Y dice ella todo el tiempo que ella me aprendió más lo que yo le enseñé o lo que ella veía en mí, que su mamá. Y ella quedó sin mamá. Gracias a Dios que no fue de pequeña, sino que ella fue cuando ella estaba casada. Pero siempre es bueno y es bueno recibir. ¿Yo me sentí tranquila de que ella me diga eso, verdad? Así que salimos. Yo nunca le vi otra profesión, porque incluso una vez que mi esposo tuvo un pequeño accidente y se hizo una pequeña heridita, ella estaba chiquita, no sé si tendría como 10, 12 añitos, y fue en el baño. Entonces cuando él salió, mi yerno lo iba a curar y le dice papi, yo te ayudo y se fue a meter, agarrar una aguja y coserlo. No le tenía miedo a nada, a nada de lo que fuera sangre ni. No, nada. Y las veces que yo iba a visitarla, todo el tiempo estaba con los libros en la mano, todo el tiempo ella no salía. Se oía cuando estaban los muchachos, digamos un fin de semana que había música en las calles y todo. Ella no, yo tengo que salir, mis padres han gastado mucho en mí. Fue muy responsable. Ella no hizo nada para cambiarse de carrera. No salió muy bien. Siempre hablábamos, siempre hablábamos de un buen profesional. Y también me daba mucho orgullo cuando ella me decía, abuela, tienes que venirte porque tengo que hacer algo. Me tuvo como conejilla de indias. Pero yo sabía que ella no, que ella iba a ser una muy buena profesional, porque yo la vi practicando muchas veces y he visto a la gente que, valga la redundancia, que ella ha atendido. Así de que sí hablábamos bastante, que el día que me tenga que ir, me voy con el orgullo más grande que tengo de haberla visto crecer, de haberla ayudado cuando ella lo necesitaba. A veces no me lo decía y lo hacía, lo hacía con mucho gusto, mucho cariño. Y entonces lo que vamos a me pongo muy emocionada, que la quiero mucho y lo llevaré en mi corazón hasta que me vaya. Lo único, yo siempre estoy hablando con ella porque yo necesito que ella siga, siga con la ética profesional que tiene y que por favor nunca cambie como la persona que es, porque yo cada día estoy más orgulloso de ella. Orgullosa, perdón, de ella. No tengo que decirle mucho porque Ella ha captado, ha captado lo que yo le he querido decir. [00:17:56] Así es de que el día que yo me vaya, pues yo creo que ya la dejé lista.

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